Diferencia entre lo cultural y el abuso

El alcoholismo en sus caracterí­sticas generales es semejante a otras adicciones a drogas, si bien distintos autores acentúan la base depresiva del sujeto (más allá de la estructura psicopatológica de base) en una equivalencia de la bebida alcohólica con la leche como medio por el cual se calmaran angustias o ansiedades infantiles, como suministro incondicional e ideal que asegurara la presencia de quien ejerciera la función materna de cuidado y alimentación. El intento en el beber se orientarí­a a llenar un vací­o, en un movimiento impulsivo que, revitalizando la lógica de la necesidad, urge la incorporación del lí­quido en grandes cantidades. El dolor psí­quico, intolerable, exigirí­a en estos sujetos el intento de su cancelación. Freud se refirió a las drogas definiéndolas como “quitapenas” que permitirí­an esquivar los lí­mites que la realidad impone y acceder a un mundo que ofrecerí­a mejores condiciones de sensación, planteando que el hombre necesitarí­a recurrir a lenitivos para poder soportar el dolor que la existencia plantea. Y en 1912, en “Sobre la degradación de la vida erótica”, texto incluido en ” La Psicologí­a de la vida amorosa”, hace una alusión directa al alcoholismo, diciendo que la relación del bebedor con el vino evocarí­a la armoní­a más pura, “como un modelo de matrimonio feliz”, preguntándose por qué la relación del amante con su objeto sexual serí­a diferente. El alcohol en exceso, como otras drogas, facilita al sujeto poder escapar al peso de la realidad, refugiándose en un mundo que ofrece “mejores condiciones de sensación”, pretendiéndose, a través de la intoxicación que provoca, eludir o aliviar el dolor que el vivir la realidad supone.

 

 


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